IA educativa: Debo y no quiero
Imagen generada por una IA a partir de mi prompt
Necesidad y rechazo conviven. Al mismo tiempo que los docentes perciben que es esencial formarse y usarla en el aula, la repelen o miran de reojo. Debo y no quiero.
Además, mensajes contradictorios de catastrofismo paralizante e ingenua fascinación protagonizan no solo las redes sociales, también los medios de comunicación. A su vez, las administraciones educativas, temerosas de denuncias familiares, se mantienen en una tibia cautela, centrando sus esfuerzos en la privacidad y la seguridad, y no en la didáctica de la IA.
La UE sabe que o te formas o los futuros trabajadores se quedarán atrás en un mundo en vías de una profunda transformación cultural, social y laboral. Europa sabe que tibieza e innovación se llevan mal. De ahí su premura. Es una demanda económica, no educativa. De todo esto quedará un plan nuevo de alfabetización digital que incluirá la IA como contenido esencial. Prescriptivo a medias (para traslados y méritos). Y poco más. Tener el B1 en IA dejará tranquila a la UE, que anotará que un porcentaje sostenible de docentes han pasado por una formación básica. Formación que no demuestra que se sepa usar la IA en el aula. Ni que se esté usando. Es más que probable que la formación en IA acabe siendo o autodidacta o se inserte en planes de especialización de las propias empresas. Aún no hemos entrado en la burbuja de la formación en IA, pero al tiempo. Más pronto que tarde, formarse en IA puntera costará un riñón y los dos pulmones. Y lo que ahora es gratis para el usuario iniciado o eventual, mañana será tarifa plana a precios cada vez más altos. No bastará con saber preguntar a la IA: 'hazme tal o cual tarea', porque eso ya te lo hará desde agentes autónomos sin necesidad de iteración. Asistentes inmersivos en tu móvil hablarán contigo y resolverán rutinas cotidianas con una simple orden de voz. Para problemas mayores requerirá que sepas pensar mejor que ella, que sepas cómo funciona, en qué se equivoca, cómo reformular sus respuestas complejas. Una nueva alfabetización se viene y no va a tardar mucho. No lees, no comprendes, no sabes argumentar. A galeras a remar.
El uso actual de IA por parte del docente se circunscribe al diseño curricular de tareas rudimentarias y reducción de burocracia. Poco más. Apenas se usa en el aula y no se enseña a usarla el estudiante. Y con un modelo estandarizado de formación del profesorado como el ya existente con la alfabetización digital, no va a mejorar mucho. La sospecha latente de que la formación digital solo aumenta la burocracia y aleja de las destrezas básicas funciona como contención contra el cambio. Añade a esto el miedo jurídico de las administraciones educativas y su incapacidad para tomar este asunto por los cuernos. Tampoco los que están en los sillones de las consejerías tienen una formación en IA seria.
Este escenario no cambia mucho cuando hablamos de FP Superior y la Universidad. En España, aún no se ve una irrupción invasiva de la IA en el empleo y en las rutinas de trabajo o procesos de producción. No se siente urgencia en formarse. Se percibe la IA como un torpe ayudante o un estorbo que impide el aprendizaje. No se la toman en serio. Más bien gana la actitud de rechazo y miedo.
Como apunté al inicio, conviven dos actitudes contradictorias que chocan constantemente y que lo harán durante mucho tiempo, hasta que la IA tenga un impacto creciente en los trabajos y veamos un aumento y mejora de empleos donde se exija una formación seria en IA, además de conocimientos en tu área de origen.
Esto aún no existe. Es más, el profesorado, ignorante de su potencial, siente la IA como un enemigo del aprendizaje y la cultura. Esto retarda o dificulta la formación y uso de IA en educación. Grupos de presión alimentan la narrativa regresiva de vuelta a modelos educativos sin tecnología, que no pocos docentes ven con buenos ojos por las evidentes ventajas que proporciona: no debo formarme, no genera burocracia y permite quedarme en mi zona de confort. El anticiclón perfecto.
Después vienen los lamentos al observar que aunque no uses IA en el aula, esta influye en los estudiantes de manera directa, en la cultura de trabajo, formas de comunicación y percepción del propio aprendizaje, requiriendo una reformulación de nuestras metodologías y criterios de evaluación. No hacer nada tampoco ayuda. Tarde o temprano, la realidad impacta en tu cara. Espabila.
Las preguntas relevantes siguen sin respuesta porque no nos las hacemos, y hacerlas descoloca inercias asentadas: ¿En qué edades empezar a usar IA? ¿Cómo hacerlo en cada etapa? ¿Cómo integrarla en la didáctica de aula sin delegación cognitiva? ¿Cómo enseñar a los estudiantes a usarla en vez de dejarlos a libre albedrío? ¿Cómo establecer un plan de formación del profesorado en IA, eficaz, anclado en la realidad del aula y no en cubrir las apariencias u obtener puntos? ¿Cómo contar con las familias en el reto de un uso responsable más allá del aula?
En estos próximos años, proliferarán planes estratégicos en las consejerías de Educación en materia de IA, para endulzar el oído mediático, pero que no tendrán efecto en la cultura de trabajo del docente de a pie, como tampoco lo tiene la alfabetización anterior, limitada al uso del Classroom y la pizarra digital. El divorcio y ritmos de aclimatación entre escuela y empresa será cada vez más evidente. Por ahora estamos en la fase quejumbrosa y pasiva: ¿Para qué aprender IA, si los estudiantes solo la usan para copiar y pegar, y alimenta su ignorancia? Y aún nos quedan unos años hasta trascender esa fase y empezar a usarla, no por convencimiento educativo, sino por pura necesidad y obligación.
No acabamos de ver que existe una clara relación entre la competencia lingüística y la digital en tiempos de la IA. Saber formular preguntas, plantear problemas relevantes, diseñar procesos, aplicar ideas a realidades tangibles, salirse del renglón marcado, activar destrezas creativas es y será esencial y compatible con un mundo con IA. Y si no lo es, aumentará la ignorancia y la pobreza. Vino nuevo en odres viejos.
Lo dicho. Nos toca espabilar. Estos tiempos requieren del docente una formación integral, renacentista. Ya llegamos tarde, porque los estudiantes llevan 3 años usando la IA a libre albedrío, sin criterio ni apoyo, y cambiar hábitos cuesta. Tarde, pero algún día habrá que empezar, ¿no crees?


Fantástica reflexión. Coincido plenamente con tu exposición. Quizás, has pasado de puntillas sobre algo que creo fundamental: El uso de la IA ya está estrictamente regulado por las autoridades de protección de datos (tanto por la RGPD europea como por las instrucciones específicas de las Consejerías de Educación). La inmensa mayoría de las herramientas comerciales de IA generativa (OpenAI, Google, Anthropic) restringen legalmente su uso en sus términos de servicio a mayores de 13 años con consentimiento, o directamente a mayores de 16 o 18 años.
ResponderEliminarRealidad legal en los centros: Prácticamente el 100% del alumnado de Secundaria (ESO) y la gran mayoría de Bachillerato son menores de edad que no pueden registrarse ni usar de forma autónoma estas herramientas con sus cuentas corporativas debido a la privacidad de datos.
Por tanto, la brecha entre lo que el alumno hace de forma privada en su casa (a menudo sin control ni criterio) y lo que legalmente podemos exigirle u ofrecerle dentro del entorno corporativo del centro educativo es gigantesca. Las administraciones nos atan de manos a nivel de aula, lo que agrava la falta de una didáctica regulada.
Saludos