¿Están los jóvenes españoles preocupados por la IA?
Es cada vez más habitual encontrar titulares como éste en los medios españoles, donde dan por supuesto una tendencia de los jóvenes a pensar que la IA es negativa. ¿Lo es realmente? Pues indagando en los pocos datos fiables que existen al respecto, me inclino a que no. Y entonces, ¿por qué los medios se pliegan a vender un mensaje negativo, sin contexto, sin datos? No estamos hablando de las redes sociales, donde miles de particulares dan su opinión a libre albedrío. Se supone que los medios debieran generar debate y aportar hechos, no suposiciones basadas en inquietudes inducidas.
Vayamos con los hechos. ¿Qué dice Julia Otero? Afirma que “laboratorios sociológicos importantes” detectan un creciente odio juvenil hacia la IA, pero en el texto no identifica esos laboratorios ni enlaza directamente los estudios concretos. Sí menciona dos ideas: miedo al futuro laboral y rechazo a “tecnoligarcas” que acumulan poder político y económico. Cita la oposición estadounidense a centros de datos de IA, pero no que este contexto sea aplicable a España. Fuente
Cuando indagamos en la percepción que tienen los jóvenes de la IA, no hay apenas datos estadísticos a los que agarrarse. En España, la fuente más sólida es el CIS de 2025. RTVE resume esos datos, afirmando que los españoles sienten más incertidumbre, preocupación y miedo que optimismo o confianza ante la IA. El CIS recoge incertidumbre en el 75,7%, preocupación en el 69,6%, miedo en el 51,2%, optimismo en el 27,4% y confianza en el 15,4%. También un 70,3% cree que la IA puede ser “una amenaza para la humanidad”. Pero ¿qué piensan los jóvenes? RTVE señala que los jóvenes de 18 a 44 años -¡los de 30 o 40 no es que sean muy jóvenes!- sienten más interés que incertidumbre o preocupación, mientras que los sentimientos negativos crecen especialmente a partir de los 45. En España, con el CIS en la mano, no se puede afirmar que los jóvenes sean el grupo más anti-IA. Fuente
La preocupación de los jóvenes no parece estar centrada en la IA en sí, sino en aspectos específicos. Un informe de Plan International sobre adolescencia en España recoge que el 84% de las chicas de 12 a 16 años teme que su imagen sea usada para crear contenido sexual falso con IA, y que tres de cada cuatro adolescentes temen que la IA reemplace empleos en el futuro.
También hay noticias españolas donde la IA aparece asociada a controles, fraude o vigilancia educativa. Por ejemplo, la PAU en Galicia ha reforzado controles por el posible uso indebido de IA y dispositivos electrónicos. En Aragón, la Cadena SER señalaba que el uso de IA marcaba la PAU, con un 90% de estudiantes recurriendo a ella para estudiar y medidas antifraude. Estas noticias refuerzan la percepción negativa de la IA y la estrategia de control y prohibición. Fuente
Estas y más noticias parecen incitar a la ciudadanía a que crean algo sin realmente pensarlo, a generar una sensación de inquietud más que ofrecer conocimiento, educación, una guía que facilite un uso sano, crítico de la IA. ¿Cuál es pues la raíz de estas noticias? ¿Ignorancia o intencionalidad? ¿De dónde provienen? ¿Qué pretenden?
Si salimos de España, descubrimos que en EE.UU. sí tuvieron lugar abucheos de universitarios a representantes de empresas tecnológicas. Business Insider habla explícitamente de que la reacción (eso que llaman backlash) de la Generación Z contra la IA está creciendo, con abucheos en ceremonias universitarias cuando ponentes celebran la IA. Cita casos en la Universidad de Arizona, University of Central Florida y Middle Tennessee State University, además de encuestas donde cae el entusiasmo y aumenta la ira hacia la IA entre jóvenes. Fuente
Ni siquiera atendiendo a este contexto estadounidense, podemos decir con ligereza que loas jóvenes "odien" la IA. A lo sumo, que dentro de algunas universidades algunos jóvenes sienten inquietud por su futuro y ven en las tecnológicas un potencial enemigo de su empleo. The Verge cubrió el caso de la Universidad de Arizona: el ex CEO de Google, Eric Schmidt, fue abucheado cuando defendía la IA ante graduados. El medio interpreta la reacción como parte de una ansiedad creciente por precariedad laboral, futuro profesional y desconexión entre Silicon Valley y los jóvenes. Fuente
Probablemente la fuente más probable que inspiró a Julia Otero es el Financial Times, que publicó una noticia muy similar: “More harmful than helpful: young people sour on AI”. Viene a decir que la Gen Z usa mucho la IA, pero muchos jóvenes temen que debilite su valor laboral, su creatividad y su aprendizaje. Cita una encuesta Gallup donde el 31% de jóvenes de la Gen Z dice sentir ira hacia la IA, frente al 22% del año anterior. Gallup, además, aporta el dato citado por Otero sobre centros de datos: siete de cada diez estadounidenses se oponen a construir centros de datos de IA en su zona, con un 48% “fuertemente” en contra. Las razones principales son consumo de agua, energía, impacto ambiental y calidad de vida. Fuente
Pero intentar trasladar estas inquietudes a los jóvenes españoles suena más a inducción que preocupación espontánea. De hecho, esto contrasta con los datos sobre uso de la IA generativa en los jóvenes españoles.
Según la Encuesta TIC-H 2025 de 20 de noviembre de 2025 (Fuente),
- En el conjunto de la población española de 16 a 74 años, el uso de IA generativa es del 37,9%. El 75,6% de los jóvenes españoles de 16 a 24 años usó herramientas de IA generativa en los tres meses anteriores a la encuesta. Los jóvenes casi duplican la media nacional.
- El patrón español es claro: cuanto más joven, más uso de IA generativa. 57,2% entre 25-34; 43,8% entre 35-44; 32,6% entre 45-54; 19,2% entre 55-64; 7,4% entre 65-74.
- El 59,3% de los jóvenes de 16 a 24 la usa para educación formal (escuela, universidad, etc.) No estamos ante un rechazo generacional, sino ante una integración educativa acelerada. El uso empieza antes de la edad universitaria.
- El 53% de los jóvenes de 16 a 24 la usa con fines privados, especialmente consultas emocionales y de salud.
En la universidad española, el dato más claro viene de Fundación CYD (Fuente):
- El 89% de los estudiantes universitarios utiliza herramientas de IA y el 35% las usa a diario, pero solo el 34% ha recibido formación sobre IA por parte de su universidad.
- Un 49% de estudiantes universitarios no ha recibido formación, pero le gustaría recibirla.
Paradójico. Uso acelerado y adelantado de uso de la IA entre jóvenes. Lentitud de uso y formación del profesorado, y de éste a sus estudiantes. Campo abonado para conspiraciones, mensajes de miedo, fakes de un lado y otro, percepciones polarizadas alentadas en medios y redes.
No es que la IA industrial en España sea inexistente, sino que su incorporación al tejido productivo todavía es desigual, concentrada y poco transformadora en términos generales. Hay avances en grandes empresas, TIC, banca, consultoría, automatización, análisis de datos o atención al cliente, pero el impacto profundo sobre modelos de producción, perfiles profesionales y empleo aún no parece generalizado. De ahí que no cale esa preocupación en jóvenes en búsqueda de empleo. Se percibe inquietud no porque la IA quite empleo, sino porque el empleo ya antes era poco y precario. Funcas indica que las ofertas que requieren habilidades de IA en España pasaron de unas 5.000 en 2018 a 39.000 en 2024, pero aun así representaban solo alrededor del 2% del total de ofertas en 2024. Es decir: la IA crece como competencia emergente, pero aún no domina el mercado laboral real. Fuente
Sin embargo, entre los docentes -no tanto en estudiantes y familias- la inquietud sí ha crecido, acuciada por el impacto sobre los procesos de enseñanza y evaluación. La reacción creciente se divide entre el rechazo y la necesidad de formación. A esa reacción de rechazo contribuyen los mensajes en redes y medios que alimentan actitudes extremas de fascinación acrítica o recelo irracional. Ambas paralizan en vez de invitar a actuar. Desconocer provoca temor. Formarse pone el foco en el centro y no en sus periferias.
Los jóvenes estudiantes no están preocupados por la IA. Al contrario, por ahora se alegran de que los docentes no se formen ni la apliquen en las aulas, o se limiten a crear contenidos sin afectar a modelos de evaluación fácilmente replicables con IA. De esa forma, podrán usarla a destajo, sin criterio, sin saber cómo puede convertirse en una herramienta útil y versátil, usada con cabeza y creatividad. Recuerdo cómo hace un par de años una estudiante de Bachillerato me dijo: ¡Ramón, no les digas a los profesores cómo se usa la IA! Hoy, poco o nada ha cambiado al respecto. A lo sumo, la adopción de detectores de radiofrecuencia en las aulas de la PAU. Institutos y universidades se ponen la misma ropa sucia después de ducharse, creyendo que con eso basta para estar limpios.
Una ola de rechazo, prohibicionismo y control parece estar creciendo en España en relación a la IA. Primero le tocó al móvil, ahora a la IA. Con la diferencia de que la IA, prohibámosla o no, sigue influyendo, querámoslo o no, en la cultura de trabajo, formas de entender las relaciones, el conocimiento y el trabajo. El aula no puede limitarse a ser una fortaleza numantina contra el mundo, de espaldas a él, anclada en la defensa, incapaz de un ataque proactivo.
Llegamos tarde. Llega tarde especialmente la Universidad y la FP, que aún está inmersa en debates escolásticos en vez de reformar currículos, diseñar planes de estudio que se adelanten a lo que vendrá. Claro está que para ello hay que desamueblar inercias, repensar cátedras, cambiar rutinas de trabajo.
No es menor el reto en Secundaria... y Primaria, donde los maestros/as asisten perplejos a un uso cada vez más precoz de las tecnologías. Y sin embargo, cuando hablo con familias me dicen que quieren formarse, saber más de móviles e IA, de cómo juntos abordar este escenario distópico.
Entre el profesorado aún hay un clima de recelo, cuando no de rechazo, alimentado por lo que ven en el aula, lo que escuchan en redes y medios y reforzado por la saturación burocrática y la falta de medios. Pocos docentes de entre los que asisten a formaciones sobre IA superan la barrera competencial de un uso residual y rudimentario, reducido a la consulta, el alivio burocrático y el diseño de sencillos retos de aula. Casi ningún centro forma a sus estudiantes en IA, no la usan en el aula para saber aplicarla con cabeza. Y las administraciones educativas se limitan a establecer límites y fronteras, no a enseñar cómo afrontar, educar, convivir con IA. Los protocolos, si es que existen, son teóricos, ajenos a la realidad del aula y fuera de ella.
Mientras tanto, esto reforzará la brecha económica. Aquellos que tienen círculos de apoyo familiar y social saldrán ganando. Se adaptarán con más facilidad a los escenarios que vengan. Los que no, irán a una escuela que no les proveerá de armas contra esas distopías. Usarán la IA fuera del aula a destajo. Dentro del aula, con frenos o no la usarán. Serán meros consumidores de productos tecnológicos, con tarifa low cost, sin criterios de uso ni protección.
Sin duda, hay que introducir la tecnología en el aula. Y esto no implica solo aprender a usarla, también hablar sobre ella, debatir, confrontar, repensar nuestros hábitos, aprender a diseñar, crear, argumentar con ella y sobre ella. No hacerlo acrecienta el miedo, la ignorancia, el auge de salvapatrias y sinvergüenzas. La educación es el camino. Quien lo probó, lo sabe.

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