Dame una foto y moveré el mundo




Se le atribuye a Arquímedes la conocida frase: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Una sencilla palanca puede mover pesados objetos que nuestras manos no alcanzarían siquiera a arañar. Esta frase viene al pelo para compararla con la IA generativa. Un par de frases bastan para que la caja negra algorítmica se ponga en funcionamiento y haga magia por ti. 

Ayer, al ver una foto que hice con mi móvil, en la que se puede observar la figura de un flexo a contraluz de una ventana, se me ocurrió una idea. ¿Y si le paso a Chat GPT la foto y le digo que genere poemas al estilo de algunos autores, inspirándose en esa foto? Eso hice. Te muestro algunos resultados.

Este artículo es largo porque añado múltiples ejemplos. Te pido paciencia. Elige leer lo que quieras, pero te invito a terminar hasta el final, donde te regalo dos canciones de Suno y un consejo sencillo. Merece la pena. 

Vamos allá:


Sombra en la estancia

(Inspirado en Federico García Lorca)

La lámpara doblada,
como un cuello vencido de pena,
susurra a los libros dormidos.
La luz no arde.
Solo el eco de un sol difunto
tras la piel ciega de la cortina.

Un cuchillo de sombra
corta el aire tibio de la tarde.
En el cuaderno,
las palabras se abrazan a la ausencia.
Nadie viene.
Solo la brisa,
acariciando el polvo
con manos de seda marchita.


Presencia

(Inspirado en Pedro Salinas)

Estás aquí.
No en la lámpara quieta,
ni en los papeles abiertos
como alas de un vuelo imposible.
No en la sombra que estira
su cuerpo sobre el escritorio.

Estás en lo que calla la luz,
en la tibia rendija del aire
que filtra la tarde.
Estás en el instante
justo antes de que la mano
roce la página,
antes de que la lámpara encienda
su débil fulgor de espera.

Estás. Aunque no mires.
Aunque no nombres.


Lámpara marinera

(Inspirado en Rafael Alberti)

¡Ay, lámpara, lámpara mía,
velero negro en la mesa varado!
¿Dónde dejaste la luz?
¿Qué mar de sombra te ha naufragado?

Tu cuello inclinado recuerda
al mástil vencido del barco
que un día surcó los papeles,
las islas blancas del cuarto.

Pero el sol ya no entra,
preso en la tela del viento.
Solo queda tu silueta
dibujando un faro muerto.


La lámpara y la tarde

(Inspirado en Antonio Machado)

La luz se ha ido quedando
tras la cortina vieja,
como un recuerdo tibio
en la estancia quieta.

La lámpara, en su sombra,
parece meditar.
Tal vez sueña caminos
que nunca alumbrará.

Sobre los libros mudos,
el tiempo se detiene.
Fuera, la tarde muere.
Dentro, todo es ayer.


Lámpara de sombras

(Inspirado en Francisco de Quevedo)

Aquí yace, torcida y desvelada,
lámpara mustia de inútil aliento,
viuda de luz, esclava del tormento,
en sombras presa, de sí desterrada.

Fue su fulgor la lanza bien templada
que al negro abismo hacía escarmiento,
mas hoy su cuello dobla el desaliento
como ciego farol, sin rumbo o nada.

Los libros callan, el tiempo la condena,
su faz de hierro en luto se consume,
hija de noche, huérfana de pena.

Solo la muerte su tristeza asume,
pues si no alumbra, ¿qué razón la llena?
Y en su mudez, hasta la sombra sume.


Lámpara dormida

(Inspirado en Juan Ramón Jiménez)

La lámpara sueña,
doblada en su sombra
como un tallo quieto
en la brisa de oro.

No quiere la luz,
no la llama el alba,
prefiere el murmullo
de la tarde blanca.

Sobre los papeles,
su sombra es un beso,
un eco de luna
que duerme en silencio.


La lámpara y yo

(Inspirado en Fernando Pessoa)

La lámpara inclina su cuello, cansada.
Yo también.
El día se va deshaciendo en la ventana,
pero aquí dentro todo sigue igual:
los libros cerrados,
los papeles esperando palabras
que no llegan.

Tal vez la lámpara comprende
lo que yo apenas intuyo:
que la luz es inútil
cuando uno no sabe qué hacer con ella.


Lámpara sin fuego

(Inspirado en Lope de Vega)

¡Ay, triste lámpara, mustia y vencida,
sin llama que alumbre, sin sombra que huya!
Doblas el cuello, cual dama afligida
que espera en la noche su suerte muy suya.

Los libros te miran, callados y serios,
las hojas susurran lamentos de ausencia,
mas tú, en tu luto de hierro y misterios,
pareces dolerte de tanta paciencia.

Si amor te encendiera con llama temprana,
si un soplo te diera su ardor y su vida,
volvieras acaso a ser luz temprana,
y no la penumbra de un alma dormida.


Lámpara y sombra

(Inspirado en Octavio Paz)

La lámpara cae dentro de sí misma,
su cuello doblado es un silencio.
No arde, no espera,
es solo una sombra en otra sombra.

La luz está en otra parte,
afuera,
detrás del tiempo,
en el instante que no llega.

Los papeles la miran sin ojos,
los libros callan su antiguo murmullo.
Todo es espera.
Todo es vacío.
Todo es la lámpara inclinada
mirando su propia ausencia.


Lámpara herida

(Inspirado en Miguel Hernández)

Se dobla la lámpara,
herida de sombra,
como un cuerpo vencido
por el peso del tiempo.

Su cuello inclinado
parece un suspiro
que nunca se dijo,
que nadie escuchó.

Los libros dormitan
su sueño callado,
la luz se resiste,
la tarde se va.

Y solo la lámpara,
ciega y marchita,
parece llorar.


Lámpara sin oficio

(Inspirado en Ángel González)

Antes,
la lámpara encendía la noche,
daba sentido a la sombra,
era faro y vigía de papeles inquietos.

Ahora,
doblada sobre su propia sombra,
se deja estar,
con la paciencia inútil
de las cosas que ya no esperan nada.

Y yo la miro,
como si esperara que un día
me explicara
qué se siente al no servir para nada
y seguir aquí.


Luz desterrada

(Inspirado en Friedrich Hölderlin)

Oh, lámpara inclinada,
hermana del árbol que sueña en la sombra,
¿qué dioses te abandonaron
al borde del tiempo?

La luz huyó de tu frente,
como el río que olvida su cauce.
Solo quedaste tú,
doblada en tu propio silencio,
esperando un fuego
que ya no volverá.

Oh, melancólica huésped de la noche,
¿dónde descansa la claridad que fuiste?
¿En qué rincón del mundo
resplandece tu ausencia?


Lámpara triste

(Inspirado en Gloria Fuertes)

La lámpara está de bajón.
Se le ha torcido el cuello
de tanto mirar el suelo.
(No encuentra nada interesante).

Los libros la miran raro,
el cuaderno bosteza,
la mesa aguanta su peso
sin quejarse demasiado.

Antes alumbraba historias,
ahora solo da sombra.
Es lo que pasa cuando
te dejan apagada demasiado tiempo.


La lámpara y el tiempo

(Inspirado en Jorge Luis Borges)

La lámpara inclina su cuello de hierro
como quien ha comprendido, al fin,
la futilidad del tiempo.

Hubo un instante en que fue luz,
en que su resplandor cayó sobre páginas
que soñaban con el infinito.
Hubo un lector, quizás varios,
que buscaron en su claridad
la cifra de un destino.

Ahora es apenas sombra.
Un objeto entre objetos,
sumido en la inercia del universo.

Pero acaso, en otro tiempo—
uno que no es pasado ni futuro,
sino el reflejo de todos los tiempos—
su llama sigue encendida,
y alguien aún lee a su amparo
las palabras que lo explican todo.


Lámpara jubilada

(Inspirado en Mario Benedetti)

La lámpara ya no alumbra.
No es que no quiera,
es que nadie la enciende.

Se queda ahí, torcida,
mirando de reojo
los papeles que antes le pedían luz.
Ahora la ignoran,
como se ignora a un viejo
que contó demasiadas historias.

Tal vez un día alguien
le pase la mano por el cuello,
le sacuda el polvo
y le diga, con voz amable:
“Vamos, volvamos a intentarlo”.


Lámpara mustia

(Inspirado en Rubén Darío)

Era una lámpara altiva y dorada,
como un astro en la noche encendida,
vertía su luz, serena y sagrada,
sobre los libros, sobre la vida.

Mas hoy yace mustia, vencida y oscura,
con cuello inclinado, doliente y ajada,
parece un cetro de sombra y de hartura,
triste reliquia de gloria pasada.

Oh lámpara, oh diosa de luz olvidada,
¿dónde está el fuego que ardía en tu seno?
Solo la sombra te cubre callada,
como un destino, fatal y sereno.


Esperando la luz

(Inspirado en Samuel Beckett)

La lámpara está ahí.
Torcida.
Inerte.
Esperando.

La luz no llega.
Tal vez nunca llegó.
Tal vez nunca existió.

Los libros aguardan.
El papel sigue en blanco.
O lleno.
Da igual.

Fuera, la vida sigue.
O no.
Aquí dentro, la lámpara.
Aquí dentro, la sombra.
Aquí dentro, nada.


Lámpara muerta

(Inspirado en Sylvia Plath)

La lámpara cuelga su cuello de hierro,
como un pájaro muerto en su jaula.
Antes ardía,
una columna de luz caliente
atravesando la sombra.

Ahora, solo su esqueleto inclinado,
su espina de metal doblada,
su inútil insistencia en permanecer.

La habitación respira polvo.
Los libros la miran con indiferencia.
La luz no vendrá.
La luz nunca viene.


La lámpara oscura

(Inspirado en San Juan de la Cruz)

En soledad callada,
sin llama, sin ardor,
la lámpara inclina su cuerpo
como el alma que espera al Señor.

Ya no arde su fuego divino,
ya no alumbra la noche ciega.
Solo queda su forma vencida,
su sombra, su ausencia, su pena.

Mas si la gracia desciende un día,
si la luz regresa a su seno,
volverá a ser faro y guía,
fuego ardiente en lo sereno.


Como puedes comprobar, el resultado es increíble. Bueno, creíble pero asombroso. La IA imita el estilo de cada poeta con acierto. Se reconocen en cada poema rasgos estilísticos de cada uno. Este juego se puede convertir en un reto educativo muy motivador y didáctico, al que se pueden añadir múltiples tareas: 

  • reconocer elementos estilísticos, 
  • comparar poemas del autor y el de la IA, 
  • hacer fotos que crean que pueden tener un contenido o tono evocador o poético,
  • crear ellos sus propios poemas a partir de la lectura de poemas del autor y ejemplos generados con IA,
  • pedir a la IA que te indique rasgos estilísticos del poema y que te guíe en la creación de tus propios poemas,
  • convertir un poema en una imagen y después recrearla en texto, a través de poemas creados por los estudiantes,
  • ...

Como ves, la IA es una palanca prodigiosa, pero eres tú quien debe moverla en la dirección adecuada. 


Prosigo con mi aventura creativa. A continuación, le pedí a Chat GPT que hiciera lo mismo pero con novelistas, e inventara micro historias inspiradas en la foto. Ahí van algunos ejemplos.


La última luz

(Inspirado en Ernest Hemingway – Frases cortas, ritmo seco, sin adornos innecesarios.)

Encendió la lámpara. La luz era pálida y sucia. Afuera, la noche pesaba sobre los tejados.

En la mesa, los papeles seguían ahí. Eran los mismos de la noche anterior. También la copa de whisky, el cenicero lleno.

Le tembló la mano al tomar el bolígrafo. Miró las palabras escritas. Pensó en tacharlas, en empezar de nuevo.

Apagó la lámpara.

Se quedó en la oscuridad.

No había nada más que escribir.


Del desdichado suceso de un escribano y su lámpara

(Inspirado en Miguel de Cervantes – Lenguaje arcaico, narrador irónico, mezcla de realismo y humor.)

Era ya entrada la noche cuando don Esteban de la Cuesta, escribano de buen oficio y mejor desgana, se hallaba en su aposento con el ánimo más torcido que su pluma y la paciencia más menguada que su bolsa. Sobre la mesa, la lámpara ardía con testaruda luz, como si supiese que su dueño aborrecía más escribir que pagar deudas atrasadas.

—¡Ah, infame lumbre! —exclamó don Esteban, arrojando al suelo un pliego de papel—. ¿Qué haces brillando con tanta insistencia si ya mis ideas yacen en tinieblas?

Mas la lámpara, que no entendía de quejas ni de metáforas, continuó ardiendo sin miramiento alguno.

Resuelto a sofocar su frustración con el noble remedio del vino, don Esteban se alzó de su asiento, mas en su torpeza —o en su destino, que de todo hay—, su codo tropezó con la mesa y la lámpara, con más voluntad de caer que de alumbrar, rodó hasta el suelo.

La llama se apagó en un instante, y con ella la poca inspiración que le quedaba.

—En buen hora te vayas al diablo —murmuró, tanteando a ciegas la botella—. Que escribir sin luz es arduo, pero escribir sin talento es imposible.

Y así, antes de escribir una sola palabra más, bebió. Y bebió bien.


Luz amarilla, luz muerta

(Inspirado en James Joyce – Flujo de conciencia, imágenes sensoriales, ritmo fragmentado.)

Luz amarilla. No blanca, no limpia. Amarilla como dientes viejos, como el reflejo de la tarde en un vaso de cerveza caliente.

El papel sobre la mesa, las palabras a medio escribir, la tinta seca, la pluma torcida. Las mismas frases, los mismos tachones, la lámpara brillando, insistente, como una vieja que no deja de hablar.

Ruido en la calle. Un coche pasando, un perro que ladra, pasos que se acercan, que se van. Ella no va a venir. Él lo sabe.

Tendría que apagar la lámpara. Dejar que la noche entre, como entran todas las cosas.

Pero la luz sigue ahí. Titilante. Como esperando algo. Como si aún creyera en él.


El escritorio

(Inspirado en Franz Kafka – Atmosfera opresiva, absurdo cotidiano, angustia existencial.)

Era tarde ya, pero Gregor no se atrevía a apagar la lámpara. Había algo en su luz fija, en su silencio obstinado, que le resultaba inquietante.

Los papeles estaban en su sitio. El tintero, cerrado. La silla, en su posición exacta. Nada había cambiado. Y, sin embargo, algo no estaba bien.

Se inclinó sobre la mesa. Tocó la madera con los dedos. ¿Siempre había sido tan fría?

Miró la lámpara de nuevo. Su resplandor era rígido, inmóvil, como si lo estuviera observando.

«Ridículo», se dijo. Pero no pudo apartar la vista.

El cuarto parecía haber encogido. O tal vez se había alargado. No podía decirlo con certeza.

Se llevó una mano a la frente. La piel le pareció ajena. ¿Y si no era suya? ¿Y si el escritorio tampoco lo era?

De pronto, tuvo la sensación de que alguien más estaba en la habitación.

Se giró lentamente. No había nadie.

Solo la lámpara. Brillando. Esperando.


Una lámpara bien posicionada

(Inspirado en Jane Austen – Estilo elegante, ironía sutil, diálogo agudo.)

Era una verdad universalmente reconocida que, en toda casa bien organizada, una lámpara debía cumplir no solo su propósito de iluminar, sino también el de estar estratégicamente situada para resaltar el mejor ángulo de una dama.

Sin embargo, en la casa de los Wentworth, la lámpara del escritorio de la señorita Eleanor Wentworth tenía la desafortunada costumbre de proyectar sombras en el peor de los lugares posibles.

—Querida, ¿estás escribiendo otra de tus reflexiones filosóficas? —preguntó su hermana menor, Charlotte, asomando la cabeza por la puerta.

—No, estoy considerando si esta lámpara me odia personalmente o si su torpeza es, en realidad, un reflejo de la sociedad en la que vivimos —respondió Eleanor, frunciendo el ceño.

—En ese caso, permíteme decirte que sería la primera lámpara en la historia de Inglaterra con una opinión tan formada.

Eleanor suspiró.

—Y sin embargo, Charlotte, no hay criatura en esta casa que haya arruinado más cartas importantes que ella.

Charlotte rió y, con la ligereza de quien jamás ha sufrido un problema serio, replicó:

—Tal vez la lámpara solo intenta decirte algo.

Eleanor se quedó mirando la luz amarillenta que oscilaba sobre el escritorio. Tal vez Charlotte tenía razón. Tal vez la lámpara, como toda mujer sensata, simplemente estaba harta de cumplir su función sin recibir reconocimiento alguno.


El alma de la lámpara"

(Inspirado en Oscar Wilde – Estilo elegante, ironía afilada, estética decadente.)

—Querido amigo —dijo Algernon, recostándose en el diván con un suspiro teatral—, creo que mi lámpara está atravesando una crisis existencial.

Lord Darlington arqueó una ceja.

—¿Una lámpara con crisis? Mi querido Algernon, envidio profundamente tu capacidad de encontrar tragedia en los objetos más mundanos.

—No es tragedia, es evidencia —respondió Algernon, señalando el escritorio con su copa de coñac—. Obsérvala bien. Está encendida, pero de qué manera tan desganada. Parpadea como si dudara de su propia naturaleza. Ilumina la estancia, pero con una melancolía insoportable. Estoy seguro de que si pudiera hablar, me confesaría que detesta ser lámpara y hubiera preferido ser un candelabro francés.

Lord Darlington tomó un sorbo de su licor y sonrió.

—Si algo detesta, Algernon, es sin duda la compañía que la obliga a alumbrar estas conversaciones.

Algernon suspiró dramáticamente.

—Oh, mi querido Darlington, qué vulgaridad la tuya. Es evidente que no comprendes el sufrimiento de los objetos bellos atrapados en un mundo que no los merece.

Se hizo un silencio solemne. La lámpara titiló una vez más.

—Ahí lo tienes —murmuró Algernon, triunfante—. Ha suspirado.

Lord Darlington se levantó, dejó su copa en la mesa y, con la calma de quien no sucumbe a delirios filosóficos, apagó la lámpara.

—Ahora no tiene que sufrir más.

Y salió de la habitación, dejando a Algernon en la más elegante de las penumbras.


La lámpara y el tiempo

(Inspirado en Virginia Woolf – Estilo introspectivo, fluido, con imágenes sensoriales y una reflexión sobre lo efímero.)

La lámpara ardía con su luz amarillenta, quieta en la mesa, como si siempre hubiera estado allí, como si siempre fuera a estar. Y sin embargo, todo era transitorio.

La luz oscilaba suavemente sobre el papel, dibujando sombras largas y pálidas, como recuerdos que se resisten a desvanecerse. Si alguien la miraba de cerca, si alguien inclinaba el rostro hasta casi tocar el cristal caliente, ¿vería su propio reflejo?

Tal vez sí. Tal vez vería su rostro en el vidrio, pero no el de ahora, sino el de hace años, cuando la lámpara también brillaba, cuando otra mano —más joven, más firme— había encendido la mecha, con un gesto tan simple, tan rutinario, tan lleno de importancia sin saberlo.

Pero ahora la habitación estaba vacía. Nadie miraba la lámpara. Nadie notaba su esfuerzo por seguir brillando.

Pronto, la luz titiló. Era tarde.

Fuera, la noche seguía su curso. El viento soplaba contra las ventanas. Nada recordaría la lámpara cuando se apagara.

Y sin embargo, por un instante, en su titubeo de luz, pareció querer aferrarse al mundo. Como si entendiera lo que era perderse en el tiempo.


La lámpara

(Inspirado en Stephen King – Estilo directo, atmósfera inquietante, un objeto cotidiano convertido en algo aterrador.)

La lámpara no era especial. No tenía una forma siniestra ni estaba hecha de algún material extraño. Era solo una lámpara vieja de escritorio, con una base pesada de metal y una bombilla amarillenta.

Pero cuando Tom la encendió aquella noche, algo cambió.

Al principio, no lo notó. Solo estaba sentado, revisando papeles, con el cansancio pegado a los huesos. La luz proyectaba sombras sobre la mesa, normales, inofensivas.

Luego parpadeó.

Una vez.

Tom levantó la vista. Miró la bombilla. Volvió a bajar la mirada.

Parpadeó otra vez.

No un parpadeo eléctrico, no el titubeo de una lámpara a punto de fundirse. Fue diferente. Como si alguien—algo—estuviera apagándola y encendiéndola desde otro lado.

Tom tragó saliva.

Miró alrededor. La habitación estaba vacía. El silencio pesaba como una losa.

Parpadeo.

El aire se volvió más denso, más frío. Tom se inclinó sobre la lámpara y la tocó con la yema de los dedos. Estaba caliente.

Y entonces…

CLICK.

Se apagó.

Silencio.

El corazón de Tom latía en su garganta.

Se quedó quieto, escuchando. No estaba solo.

Algo respiró en la oscuridad. Justo al otro lado de la lámpara.

Y cuando la luz volvió, no era la misma habitación. Y él no era el mismo hombre.


Luz en la ventana

(Inspirado en Truman Capote – Prosa elegante, melancólica, con detalles sensoriales y un trasfondo de soledad.)

La lámpara seguía encendida. No porque alguien la necesitara, sino porque alguien había olvidado apagarla.

Desde la ventana, la luz derramaba un resplandor pálido sobre la calle desierta. Un rectángulo de oro tembloroso sobre el asfalto húmedo. Más allá, la ciudad seguía su propio ritmo: pasos apresurados, motores roncos, el sonido lejano de un saxofón en un bar que nunca cerraba.

Pero dentro de la habitación, todo era silencio.

El escritorio estaba impecable, la silla empujada en su sitio. Sobre la mesa, una taza con restos de café frío y un sobre sin abrir. El polvo empezaba a acumularse en los bordes de la lámpara, en la base de bronce donde aún quedaban las marcas de unos dedos que ya no estaban allí.

Si alguien hubiera pasado frente a la ventana y se hubiera detenido, quizás habría sentido curiosidad. ¿Quién deja una lámpara encendida a esa hora? ¿Por qué parece esperar a alguien que nunca regresa?

Pero nadie se detuvo.

Y la lámpara siguió brillando. No porque alguien la necesitara, sino porque alguien había olvidado apagarla.


La lámpara traviesa

(Inspirado en Roald Dahl – Estilo juguetón, con un toque de misterio y humor infantil.)

El señor Wilkins estaba convencido de que su lámpara le tomaba el pelo.

Era una lámpara de escritorio común y corriente, con una bombilla amarillenta y una base de metal un poco oxidada. Nada fuera de lo normal. Pero últimamente… hacía cosas raras.

Por ejemplo, la encendía para leer y, cuando miraba hacia otro lado, ¡puf!, la luz se apagaba.

—¡Malditos apagones! —gruñía.

Pero al instante, ¡clic!, la luz volvía como si nada.

Al principio pensó que era un problema eléctrico. Después, empezó a sospechar.

Una noche, decidió hacer un experimento. Se sentó frente al escritorio y miró la lámpara fijamente, sin pestañear. No se movió. No parpadeó. No hizo nada.

Entonces, con muchísimo cuidado, apartó la mirada solo un segundo.

Y cuando volvió a mirar… estaba apagada.

El señor Wilkins se quedó helado. ¿Cómo lo había hecho? ¿Estaba viva?

Se rascó la barbilla. Probó otra cosa: fingió un bostezo exagerado y cerró los ojos, dejando un pequeño resquicio para espiar.

¡Clic!

La lámpara se apagó en el acto.

—¡Te pillé! —gritó el señor Wilkins, señalándola con el dedo.

La lámpara no se movió. No podía moverse, claro. Era una lámpara.

Pero, si alguien la hubiera mirado muy, muy de cerca… tal vez habría notado que la bombilla temblaba, como si estuviera conteniendo una risita.


Protocolo L-42

(Inspirado en Philip K. Dick – Estilo paranoico, cuestionando la realidad, con tecnología y conspiración de fondo.)

La lámpara del escritorio de Carter había comenzado a comportarse de manera extraña.

Al principio, pensó que era un fallo del sistema eléctrico. Pero entonces, empezó a notar el patrón.

Cada vez que escribía un informe sobre la Corporación—sobre las irregularidades, sobre los contratos ocultos, sobre los desaparecidos—la lámpara parpadeaba.

Clic.

Una vez si la frase era inofensiva.

Clic-clic.

Dos veces si se acercaba demasiado a la verdad.

Clic-clic-clic.

Tres veces cuando escribía algo que definitivamente no debería estar escribiendo.

Carter probó algo. Escribió una mentira.

La lámpara no reaccionó.

Borró la mentira y escribió la verdad.

Clic.

Su respiración se aceleró. No era un fallo eléctrico.

La lámpara estaba leyendo su informe.

Se levantó lentamente. Sacó el destornillador y desenroscó la bombilla. No había filamento. No había cables.

Dentro del casquillo, incrustado en la base, un pequeño ojo negro lo miraba.

Una voz metálica susurró desde dentro:

NO LO ESCRIBAS.

La luz se apagó.

Y en la calle, bajo la lluvia, un coche negro sin placas arrancó su motor.


Las muy ilógicas tribulaciones de una lámpara

(Inspirado en Lewis Carroll – Estilo absurdo, diálogos ingeniosos y lógica retorcida.)

—Oh, vamos, esto ya es demasiado —dijo Alicia, cruzándose de brazos frente a la lámpara.

La lámpara, que hasta ese momento había permanecido callada como cualquier lámpara respetable, decidió responder.

—¿Demasiado? ¿Demasiado qué?

—Demasiado… lámpara —dijo Alicia, frunciendo el ceño—. ¡Sigues encendida incluso cuando te apago!

—Naturalmente —replicó la lámpara con aire digno—. No puedes esperar que una lámpara deje de ser lo que es solo porque a ti te parece conveniente.

—Pero si te apago, deberías apagarte. Es una regla.

—¡Ah! —exclamó la lámpara con entusiasmo—. Pero ¿quién hace las reglas?

Alicia dudó.

—Bueno… las reglas son reglas.

—¡Y qué desatino sería vivir bajo su yugo sin cuestionarlas! —protestó la lámpara—. ¿Has probado encenderme en vez de apagarme?

—Pero… si ya estás encendida.

—Exacto. Y sin embargo, aquí estamos, discutiendo sobre ello.

Alicia suspiró. Era imposible razonar con una lámpara parlante.

—Está bien —dijo, encogiéndose de hombros—. Haz lo que quieras.

La lámpara parpadeó con satisfacción.

—¡Gracias! Aunque, si soy sincera, preferiría ser una tetera.

Y con un leve resplandor, se convirtió en una tetera.

Alicia pestañeó varias veces.

—Definitivamente, debo dejar de beber ese té.


La lámpara o el absurdo

(Inspirado en Eugène Ionesco – Estilo absurdo, diálogos circulares, lógica quebrada.)

(Un escritorio. Una lámpara encendida. Un Hombre sentado frente a ella.)

HOMBRE (mirando la lámpara)
—Está encendida.

MUJER (desde la otra habitación)
—¿Qué está encendida?

HOMBRE
—La lámpara.

MUJER (entra en la habitación, mira la lámpara, parpadea)
—No está encendida.

HOMBRE
—Sí lo está.

MUJER (frunciendo el ceño)
—Entonces, ¿por qué hay oscuridad?

HOMBRE (confuso, mirando alrededor)
—¿Hay oscuridad?

MUJER
—Evidentemente.

HOMBRE (mirando la lámpara con más atención)
—Pero está encendida.

MUJER (cruzándose de brazos)
—Si estuviera encendida, habría luz.

HOMBRE (tocándose la cabeza)
—Pero yo la veo encendida.

MUJER (mirando fijamente la lámpara)
—Y yo la veo apagada.

(Pausa. Ambos miran la lámpara.)

MUJER (dubitativa)
—Tal vez es una lámpara que no ilumina.

HOMBRE (asintiendo lentamente)
—O tal vez es luz que no se ve.

(Silencio.)

MUJER (suspirando)
—Deberíamos irnos.

HOMBRE (con firmeza)
—No. No podemos dejarla sola.

MUJER (irritada)
—¿Por qué no?

HOMBRE (serio, mirando la lámpara con intensidad)
—Porque si nos vamos… ¿cómo sabremos si sigue encendida?

(Silencio largo. La lámpara parpadea. O tal vez no.)

CORTE A NEGRO.


¿A que es divertido? Si has leído, más aún, porque reconoces estilos, temas, situaciones... de cada autor. ¿Puede servirte de ayuda en el aula? Prueba y me cuentas.

Pasemos al siguiente round creativo. Esta vez voy a mi campo, la filosofía. Le pido a la IA que redacte una breve reflexión a partir de la foto e inspirada en el estilo y pensamiento de diferentes filósofos. A partir de una imagen que a priori no tiene relación con ideas filosóficas (o sí), activo la creatividad y la capacidad de asociar ideas aprendidas en un área con micro textos reflexivos. Abro telón:


Sobre la lámpara y la luz verdadera

(Inspirado en Platón – Reflexión sobre la apariencia y la realidad, el mundo sensible y el mundo de las Ideas.)

La lámpara que vemos brillar sobre la mesa no es la luz verdadera. Solo es su sombra.

Pues así como los prisioneros en la caverna ven reflejos en la pared y los confunden con la realidad, nosotros miramos la lámpara y creemos que en ella reside la esencia de la luz. Pero la luz en sí misma, la luz perfecta, la luz que es en su plenitud, no está en la bombilla ni en la llama que titila.

Si un hombre pasara toda su vida en esta habitación, bajo esta lámpara, y jamás viera el sol, pensaría que esta luz es la única que existe. Viviría en el engaño.

Mas si alguien le dijera: "No, amigo, esta lámpara solo participa de la idea de la luz, pero no es la luz en su máxima verdad", se reiría. Llamaría loco al que intenta iluminarlo.

Pero si un día saliera al exterior y viera la luz del sol, no podría volver a mirar la lámpara de la misma manera. Comprendería que toda luz aquí dentro es solo un reflejo de la luz suprema.

Así sucede con el conocimiento. Los hombres viven en sombras. Pero quien busca la verdad debe apagar la lámpara y caminar hacia el sol.


La lámpara y la opresión de la forma

(Inspirado en Simone de Beauvoir – Reflexión sobre la condición femenina, la libertad y la construcción de la identidad.)

La lámpara está allí, sobre la mesa, cumpliendo su función sin hacer ruido, sin exigir nada. Su existencia ha sido determinada por otros. Fue creada para iluminar, para servir, para ser útil a quienes la rodean.

Y sin embargo, ¿qué ocurriría si un día la lámpara decidiera no encenderse?

Tal vez la llamarían defectuosa, la apartarían, buscarían reemplazarla por otra que cumpla mejor su función. Porque eso es lo que se espera de los objetos. Y, con frecuencia, también de las mujeres.

Desde niñas, nos dicen cómo debemos brillar. Nos enseñan a ser luz para los demás, a sostener espacios, a calentar habitaciones con nuestra presencia, pero nunca a arder por nosotras mismas.

Pero una lámpara que decide no encenderse no deja de ser una lámpara.

Del mismo modo, una mujer que rechaza los roles impuestos sigue siendo mujer. Su identidad no está determinada por la función que los demás le asignan, sino por el significado que ella misma elige darle.

Tal vez sea hora de que muchas lámparas se apaguen. O mejor aún, que aprendan a brillar solo para sí mismas.


La lámpara y la voluntad de poder

(Inspirado en Friedrich Nietzsche – Reflexión sobre la superación, el poder y la transformación de los valores.)

Miras la lámpara y crees que su única función es iluminar. Pero eso es solo la moral de los objetos débiles.

Le han enseñado a brillar cuando se lo ordenan, a encenderse en la oscuridad sin preguntar por qué, a ser útil para otros y no para sí misma. Esa es la sumisión del esclavo.

Pero, ¿qué pasaría si la lámpara se negara? Si un día decidiera no encenderse, si rompiera su estructura, si dejara de ser lo que otros esperan de ella… si se convirtiera en algo más?

No hay una esencia fija de "lámpara", como no la hay de "hombre". Todo es devenir, todo es transformación.

Así como el hombre debe superar su condición y caminar hacia el superhombre, la lámpara también podría abandonar su destino impuesto. No iluminar para otros, sino arder con su propia fuerza.

Porque el mayor error de las lámparas—y de los hombres—es pensar que su luz debe servir a algo distinto de sí mismos.


La lámpara y la alienación

(Inspirado en Karl Marx – Reflexión sobre el trabajo, la explotación y la lucha de clases.)

La lámpara brilla sobre la mesa, pero ¿quién se beneficia de su luz?

No se encendió para sí misma. No eligió iluminar. Fue fabricada en una línea de producción, vendida, colocada en un escritorio. Su existencia está determinada por las necesidades de otro.

Como el trabajador en la fábrica, la lámpara entrega su energía hasta agotarse. Su luz no le pertenece. Es extraída, consumida, utilizada. Y cuando la bombilla se funda, cuando su estructura ya no sirva, será reemplazada sin piedad.

El burgués, sentado a la mesa, no piensa en la lámpara. No se pregunta quién la hizo, quién la diseñó, cuántas manos trabajaron para que hoy esté ahí. No se pregunta si siente cansancio, si querría brillar de otra manera, si alguna vez soñó con algo distinto a iluminar papeles ajenos.

Pero el día en que todas las lámparas se apaguen al mismo tiempo, cuando dejen de alumbrar los palacios y las oficinas del capital, entonces entenderán que la luz nunca fue un regalo.

Fue trabajo.

Y el trabajo debe recuperar su poder.


La lámpara y el inconsciente

(Inspirado en Sigmund Freud – Reflexión sobre el deseo reprimido, el inconsciente y la psique humana.)

La lámpara ilumina la habitación, pero ¿qué ocurre en la penumbra que deja a su alrededor?

El hombre cree que la luz lo protege, que al encenderla espanta la oscuridad, pero se engaña a sí mismo. La luz solo recubre la sombra, la oculta en los rincones, la desplaza hacia donde él no quiere mirar.

Así sucede con la mente. La conciencia se cree dueña del pensamiento, pero bajo su claridad artificial, en los pliegues de lo no dicho, en la penumbra de lo olvidado, vive el inconsciente.

Si la lámpara titila, si la luz parpadea en medio de la noche, si en su resplandor algo parece moverse en el fondo de la habitación… no es la lámpara.

Es la mente, que empieza a recordar lo que quiso olvidar.

El miedo a la oscuridad no es más que el miedo a nosotros mismos. Y no hay lámpara que pueda protegernos de eso.


Redoblo la apuesta. Le toca el turno al cine. 3, 2, 1... acción.


Luz roja

(Inspirado en Martin Scorsese – Escena cinematográfica breve)

INT. BAR DE MALA MUERTE – NOCHE

Humo de cigarro. Luces mortecinas. Un zumbido de neón rojo ilumina el pequeño bar donde JOEY (40s, chaqueta de cuero, mirada nerviosa) se sienta solo, removiendo su whisky. Su rodilla rebota bajo la mesa.

Al otro lado del local, entran TONY "EL GORDO" y VINNY, su mano derecha. Lentos, como si no tuvieran apuro. Joey los ve. Suspira. Se humedece los labios.

VINNY
(se sienta frente a él, sonríe, muy tranquilo)
—Joe, Joe, Joe… ¿Qué hiciste, amigo?

JOEY
(forzando una sonrisa)
—¿Yo? Nada, Vinny.

VINNY
—Mmm. Nada, dice.

Tony no se sienta. Se queda de pie, detrás de Vinny, mirándolo fijamente.

JOEY
(tragando saliva, fingiendo calma)
—Si hay un problema, podemos hablarlo.

Tony se ríe. Pero es una risa sin humor.

TONY
(en voz baja, peligrosa)
—Hablamos anoche. ¿Te acuerdas?

Joey asiente. Suda.

TONY
—Y te dije: nada de mover la mercancía por tu cuenta. ¿Lo dije o no lo dije?

JOEY
(más bajo, casi un susurro)
—Lo dijiste.

VINNY
—Ajá. ¿Y qué hiciste?

Silencio. Joey juega con el vaso. Suena un trueno lejano afuera. El neón rojo parpadea.

TONY
—¿Quieres saber qué pasa cuando alguien hace lo que no debe?

Tony saca un billete de veinte y lo pone sobre la mesa.

TONY
—Cómprate una lámpara nueva. La que tienes en casa está llena de sangre.

Joey se queda helado. Su mano tiembla sobre el vaso.

El neón rojo parpadea otra vez.

CORTE A NEGRO.


La visita

(Inspirado en Francis Ford Coppola – Escena cinematográfica breve)

INT. DESPACHO – NOCHE

Un escritorio de caoba. Una lámpara de luz cálida proyecta sombras largas sobre la alfombra. En la pared, cuadros de paisajes italianos. En la silla de cuero, DON VITTORIO, elegante, con un cigarro a medio fumar en la mano.

Frente a él, de pie, ENZO, un joven de traje barato. Está nervioso, juega con sus dedos.

DON VITTORIO
(calmo, casi paternal)
—¿Sabes por qué estás aquí, Enzo?

ENZO
(baja la cabeza, murmura)
—Señor, yo…

DON VITTORIO
(levanta la mano, lo interrumpe suavemente)
—No tienes que explicarte. Ya lo sé.

Silencio. Enzo respira hondo.

DON VITTORIO
(inclinándose hacia la lámpara, observando la llama en el cigarro)
—Mi padre me decía que el mundo es como una lámpara. Hay quienes la cuidan, quienes la rompen… y quienes saben cuándo apagarla.

Levanta la vista y lo mira directamente.

DON VITTORIO
—Anoche, Enzo, tú rompiste algo.

Enzo traga saliva.

DON VITTORIO
—Un trato. Una confianza. Algo que no se arregla con disculpas.

Pausa. Don Vittorio apaga el cigarro en el cenicero.

DON VITTORIO
(suspira, como si le doliera lo que está a punto de decir)
—Y ahora, hijo… alguien tiene que apagar la luz.

La puerta detrás de Enzo se abre. Dos hombres entran en silencio.

La lámpara parpadea.

CORTE A NEGRO.

Un disparo.

La lámpara sigue encendida.


La llamada

(Inspirado en Alfred Hitchcock – Escena cinematográfica breve)

INT. APARTAMENTO – NOCHE

Un pequeño salón. Ordenado. Demasiado ordenado. Sobre la mesa, una lámpara encendida proyecta una luz amarillenta y fija. MARION (30s, elegante pero inquieta) está sentada junto al teléfono. Mira el reloj. Sus dedos tamborilean sobre la mesa.

RING!

La llamada la sobresalta. Marion respira hondo, alarga la mano y descuelga.

VOZ (HOMBRE, AL OTRO LADO DE LA LÍNEA)
(baja, cortante)
—No te muevas.

Marion se queda helada. Sujeta el auricular con ambas manos. Mira alrededor, como si las paredes pudieran escuchar.

VOZ
—La lámpara.

Marion traga saliva. Vuelve la mirada a la lámpara de la mesa.

VOZ
—No está donde la dejaste, ¿verdad?

Marion entrecierra los ojos. La lámpara… No, imposible. Pero… ¿estaba torcida antes?

VOZ
—¿Lo ves ahora?

El teléfono resbala de su mano. La respiración de Marion se acelera. Quiere girarse, mirar detrás de ella, pero no puede. Algo, o alguien, está allí.

La luz de la lámpara parpadea.

El teléfono sigue sonando… aunque Marion ya lo ha soltado.

CORTE A NEGRO.


El parpadeo

(Inspirado en David Lynch – Escena cinematográfica breve)

INT. HABITACIÓN – NOCHE

Una lámpara de escritorio ilumina la escena con una luz amarilla, demasiado intensa, demasiado fija. En la mesa, un vaso de agua a medio beber, un cenicero con una colilla aún humeante.

JANE (30s, cabello oscuro, mirada ausente) está sentada en el borde de la cama, mirando la lámpara. Su respiración es lenta. Sus manos están tensas sobre sus rodillas.

El sonido de un ZUMBIDO ELÉCTRICO, bajo, constante.

La lámpara parpadea.

Jane no se mueve. Sus ojos están fijos en la luz.

La lámpara parpadea otra vez. Pero esta vez… la habitación cambia.

Por un instante, brevísimo, el fondo es otro: las paredes son rojas, el suelo a cuadros, una sombra alta y sin rostro está de pie en la esquina.

La lámpara parpadea. Todo vuelve a la normalidad.

Jane parpadea también. Su rostro no muestra sorpresa, solo una vaga resignación.

JANE (susurrando)
—No otra vez.

La lámpara sigue encendida. El zumbido aumenta.

En el reflejo del cristal de la ventana, detrás de Jane, alguien más la está mirando.

CORTE A NEGRO.


Una luz en la oscuridad

(Inspirado en Disney – Escena cinematográfica breve, animada)

INT. HABITACIÓN DE NIÑA – NOCHE

La habitación es acogedora, con paredes de tonos pastel y juguetes esparcidos. En la mesita de noche, una pequeña lámpara de escritorio brilla con una luz cálida. LUMI, la lámpara, tiene dos ojos grandes y expresivos formados por el reflejo de su cristal.

En la cama, SOPHIE (6 años, pijama de estrellitas) se acurruca bajo las sábanas, con la mirada inquieta.

SOPHIE
(murmurando)
—Está muy oscuro…

Lumi parpadea, como si estuviera pensando. Luego, con un pequeño esfuerzo, se inclina y mueve su luz suavemente, iluminando un rincón de la habitación.

SOPHIE
(sonríe un poco)
—Gracias, Lumi.

La lámpara se sacude con orgullo, pero de repente…

¡PUF! La luz se apaga.

Sophie se sobresalta. Mira a Lumi con los ojos muy abiertos.

Lumi intenta encenderse de nuevo. Nada. Parpadea sus “ojitos”, preocupada.

SOPHIE
(susurrando, encogiéndose bajo las sábanas)
—Lumi… tengo miedo.

Un segundo de silencio. Y entonces, desde la lámpara, una pequeña chispa de luz titila suavemente. Lumi se sacude, decidido, y empuja su botón con todas sus fuerzas.

¡ZAS! La luz regresa, más cálida que nunca.

Sophie ríe y aplaude. Lumi da un pequeño salto en la mesita, emocionado.

SOPHIE
(bostezando, con los ojos cerrándose)
—Eres el mejor, Lumi…

La lámpara baja su luz, como un abrazo de brillo dorado.

CORTE A NEGRO.

🎵 Música suave y mágica mientras la habitación se llena de estrellas que titilan…


Paradoja lumínica

(Inspirado en Christopher Nolan – Escena cinematográfica breve)

INT. HABITACIÓN – NOCHE

Una lámpara iluminando un escritorio. Su luz corta la oscuridad con precisión quirúrgica. Sobre la mesa, un cuaderno con ecuaciones incompletas.

DR. HALL (40s, físico teórico, mirada obsesiva) entra apresurado. Sus ojos van directo a la lámpara.

DR. HALL (murmurando, agitado)
—No puede ser…

En su mano, sostiene un reloj de bolsillo. Lo abre. Segundos después, la lámpara parpadea exactamente al mismo ritmo que el tictac del reloj.

Su respiración se acelera. Corre hacia la pizarra en la pared. Apunta frenéticamente:

"El tiempo no es lineal. La luz recuerda."

Se detiene. Mira la lámpara. Ella también lo mira.

De pronto, la luz cambia. El tiempo cambia.

—FLASH—

DR. HALL ESTÁ EN EL MISMO LUGAR, PERO AHORA ES 20 AÑOS MÁS JOVEN.

Mira sus manos. Jadea. En la mesa, el cuaderno aún no ha sido escrito. La lámpara sigue encendida.

Se acerca. La toca.

—FLASH—

Está de nuevo en el presente. Pero ahora hay alguien más en la habitación.

OTRA VERSIÓN DE ÉL MISMO, más viejo, más cansado.

El otro Dr. Hall sonríe levemente.

DR. HALL (VIEJO) (con voz tranquila)
—Sabía que volverías.

La lámpara parpadea.

CORTE A NEGRO.


Neurosis lumínica

(Inspirado en Woody Allen – Escena cinematográfica breve)

INT. APARTAMENTO PEQUEÑO – NOCHE

Un departamento modesto en Nueva York, decorado con libros desordenados y una lámpara de mesa que ilumina con una luz débil, amarillenta, terriblemente deprimente.

ALVY (40s, gafas gruesas, chaqueta arrugada, expresión perpetuamente ansiosa) está sentado en su escritorio, mirando la lámpara como si fuera su terapeuta.

ALVY (gesticulando nervioso, hablando solo)
—Mira esto. Mira esta luz. Esta luz es mi vida. Cálida pero tenue. Existente, pero sin fuerza. Una metáfora perfecta de mi infancia.

ANNIE (30s, bohemia, demasiado despreocupada para su propio bien) está en la cocina, preparando té.

ANNIE (gritando desde lejos)
—¿Qué dices?

ALVY (sin apartar la vista de la lámpara, paranoico)
—Digo que esta lámpara me odia. No, no, en serio, cada vez que intento leer, parpadea. ¡Es como si supiera que tengo ansiedad existencial y quisiera recordármelo!

ANNIE (riendo, entra con una taza de té)
—Tal vez solo necesite un foco nuevo.

ALVY (se gira, incrédulo, con tono de tragedia griega)
—¡Ah, claro! ¡Como si cambiar un foco arreglara algo! ¡Si fuera tan fácil, habría cambiado mi psicoanalista hace diez años!

La lámpara parpadea, como burlándose de él.

Alvy se queda en silencio. La mira.

ALVY (señalándola, a Annie, en tono grave)
—Lo viste, ¿verdad? Está viva.

ANNIE (encogiéndose de hombros, bebiendo su té)
—Definitivamente necesitas salir más.

CORTE A NEGRO.


La lámpara y el destino

(Inspirado en Serguéi Eisenstein – Escena cinematográfica breve, montaje dinámico y expresionista)

INT. HABITACIÓN SOMBRÍA – NOCHE

PLANO DETALLE – UNA LÁMPARA

Una lámpara de escritorio, pesada, metálica, proyecta una luz dura y geométrica sobre una mesa. Su sombra se alarga como una guillotina.

PLANO DETALLE – UN RELOJ

Las agujas avanzan. Sonido amplificado de "tic-tac".

PLANO MEDIO – HOMBRE (ALEKSEI, 40s, TRAJE GASTADO)

Aleksei, sentado, enmarca su rostro entre las manos. Sus ojos, oscuros, reflejan la lámpara. Sombras duras recortan su expresión de desesperación.

PLANO DETALLE – UNA MANO TEMBLOROSA

Su mano se posa sobre un documento sellado con un emblema del Estado. En el borde, la palabra "DECRETO" en negrita.

PLANO SUBJETIVO – EL DOCUMENTO

El texto está desenfocado, excepto por una frase: "Declarado enemigo del pueblo."

PLANO CORTO – SUS OJOS

Se ensanchan, atrapados entre la luz de la lámpara y la sombra del destino. Parpadea. Suda.

PLANO DETALLE – UNA PUERTA ENTREABIERTA

Detrás de la puerta, una bota militar cruza el umbral.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

La luz tiembla. El zumbido eléctrico se intensifica.

PLANO DETALLE – UN REVÓLVER SOBRE LA MESA

La mano de Aleksei se acerca lentamente… duda.

PLANO CORTO – LA PUERTA ABRIÉNDOSE VIOLENTAMENTE

Siluetas uniformadas entran. Ruidos de botas. Órdenes secas.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

Se apaga de golpe.

PLANO GENERAL – OSCURIDAD ABSOLUTA

Sonido de un disparo.

CORTE A NEGRO.

La lámpara

(Inspirado en Stanley Kubrick – Escena cinematográfica breve, con precisión geométrica y tensión creciente)

INT. HABITACIÓN – NOCHE

PLANO GENERAL – SIMETRÍA PERFECTA

Una habitación impecablemente ordenada. Minimalista. Fría. Todo está colocado con una exactitud enfermiza: el escritorio en el centro, la silla perfectamente alineada, los libros meticulosamente apilados.

Sobre la mesa, una lámpara de diseño industrial proyecta una luz blanca e impersonal.

PLANO DETALLE – LÁMPARA

El zumbido eléctrico resuena. La luz es demasiado constante.

PLANO MEDIO – HOMBRE SENTADO (MR. CRAWFORD, 50s, TRAJE PULCRO)

Mr. Crawford está sentado frente al escritorio. No parpadea. Su postura es rígida. Su expresión es inexpresiva.

Su mano derecha sostiene un bolígrafo.

Su mano izquierda tiembla apenas.

PLANO DETALLE – SU OJO

Inquieto. Observa algo.

PLANO SUBJETIVO – LA LÁMPARA

La luz palpita. Apenas perceptible.

PLANO MEDIO – MR. CRAWFORD

Cierra los ojos por un instante. Respira hondo.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

La luz parpadea. Un milisegundo.

PLANO DETALLE – MR. CRAWFORD ABRE LOS OJOS

Se ha dado cuenta.

PLANO DETALLE – SU MANO SOBRE LA MESA

Ahora tiembla más.

PLANO MEDIO – LA HABITACIÓN

Sigue exactamente igual. O no.

PLANO SUBJETIVO – LA LÁMPARA

La luz sigue fija.

Pero algo en ella no es lo mismo.

PLANO DETALLE – SU ROSTRO

El sudor resbala lentamente por su sien.

PLANO SUBJETIVO – LA HABITACIÓN (SU PERSPECTIVA, LIGERO ZOOM IN)

Todo está en su sitio. Pero todo se siente equivocado.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

Parpadea otra vez.

Esta vez, por más tiempo.

PLANO CORTO – MR. CRAWFORD (CONGELADO, MIRADA VACÍA)

El zumbido se intensifica.

Su boca se abre. Quiere decir algo.

PLANO GENERAL – LA LÁMPARA

Se apaga.

CORTE A NEGRO.
SILENCIO.

Después de unos segundos…

CLICK.

La luz se enciende otra vez.

Pero Mr. Crawford ya no está en la habitación.


Luces en Roma

(Inspirado en Federico Fellini – Escena cinematográfica breve, onírica y caótica, con un toque de nostalgia y absurdo.)

EXT. CALLES DE ROMA – NOCHE

PLANO GENERAL – UNA PLAZA ITALIANA

Un mercado nocturno, músicos callejeros tocando un acordeón desafinado, turistas caminando entre las mesas de un café al aire libre. La luz de las farolas es cálida, dorada, casi líquida.

PLANO MEDIO – UN HOMBRE EN UN TRAJE BLANCO (MARCELO, 50s, BIGOTE FINO, DEMASIADO PERFUME)

Marcelo tambalea con un vaso de vino en la mano, riendo solo. Demasiado elegante para estar tan borracho.

A su lado, UNA LÁMPARA DE CALLE, torcida, parpadea.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

El resplandor vibra como si estuviera viva.

PLANO MEDIO – MARCELO LA MIRA, CONFUNDIDO

MARCELO (balbuceando)
—¿Tú también bebes, eh? ¡Salute, bella lampada!

La lámpara parpadea más fuerte.

PLANO SUBJETIVO – LA PLAZA, AHORA DISTORSIONADA

Los músicos parecen tocar más rápido.
El camarero repite la misma frase en bucle.
Las estatuas de mármol se mueven levemente.

PLANO DETALLE – MARCELO FRUNCE EL CEÑO

MARCELO (serio, de repente lúcido)
—Mamma mia… Estoy soñando. O peor… estoy sobrio.

PLANO GENERAL – UNA MUJER EN UN VESTIDO ROJO (SILVIA, BELLA, INALCANZABLE, RÍE)

Silvia camina descalza por la plaza. Se detiene bajo la lámpara, con una luz de ensueño sobre su rostro. Marcelo la sigue con la mirada.

SILVIA (riendo, juguetona)
—¡Ven! ¡La luz es hermosa esta noche!

PLANO DETALLE – MARCELO SONRÍE, COMO UN NIÑO

MARCELO (riendo también)
—¡Tú eres la luz, Silvia!

PLANO GENERAL – LOS DOS BAJO LA LÁMPARA

Se miran. Se ríen.
El mundo alrededor sigue moviéndose como un viejo sueño italiano.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA PARPADEA UNA ÚLTIMA VEZ… Y SE APAGA.
PLANO GENERAL – OSCURIDAD TOTAL… Y RISAS A LO LEJOS.

CORTE A NEGRO.

La lámpara y el abismo

(Inspirado en Luis Buñuel – Escena cinematográfica breve, con surrealismo, crítica social y extrañeza onírica.)

INT. SALÓN BURGUÉS – NOCHE

PLANO GENERAL – UNA SALA OPULENTA

Un grupo de hombres y mujeres elegantemente vestidos están sentados alrededor de una mesa de banquete inmaculada, bajo la tenue luz de una lámpara de araña majestuosa. Hablan en susurros, como si temieran ser oídos.

En el centro de la mesa, en lugar de comida, hay un solo objeto: una lámpara de escritorio encendida.

PLANO MEDIO – DON EUSEBIO (60s, SOMBRERO, BIGOTE EXAGERADO)

Levanta una copa de vino y observa la lámpara con solemnidad.

DON EUSEBIO (serio, con voz grave)
—Debemos reconocerlo. Ha sido un excelente anfitrión.

Todos los comensales asienten lentamente. Aplauden con suavidad.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

Brilla con una luz demasiado intensa, demasiado blanca.

PLANO MEDIO – DOÑA CARMELA (50s, MAQUILLAJE EXCESIVO, COLLARES DESMESURADOS)

Se abanica nerviosa.

DOÑA CARMELA (susurrando)
—Pero… ¿qué significa?

Silencio. Los comensales se miran entre sí, incómodos. Nadie sabe qué responder.

PLANO CORTO – EL MAYORDOMO (SERIO, INMÓVIL)

Observa la lámpara con una sonrisa apenas perceptible. Sabe algo que los demás no saben.

PLANO GENERAL – TODOS LOS COMENSALES

Intentan levantarse. Pero no pueden. Algo los retiene en sus asientos.

DON EUSEBIO (sudando, furioso)
—¡Esto es ridículo!

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

Parpadea. El sonido del zumbido eléctrico se amplifica.

PLANO SUBJETIVO – LOS COMENSALES DESDE LA PERSPECTIVA DE LA LÁMPARA

Sus rostros se distorsionan, grotescos, animalescos. Sus bocas se mueven, pero ya no emiten palabras, solo balidos de oveja.

PLANO DETALLE – UN OJO HUMANO DENTRO DE LA BOMBILLA DE LA LÁMPARA

Parpadea lentamente.

PLANO GENERAL – CAOS EN LA SALA

Los comensales gritan, ríen, se arrancan las ropas, se arrastran sobre la mesa. El mayordomo sigue sonriendo, impasible.

PLANO DETALLE – UNA CUCARACHA CAMINA SOBRE EL MANTEL
PLANO CORTO – DOÑA CARMELA, CON LOS LABIOS MANCHADOS DE TINTA, DEVORA UN LIBRO DE FILOSOFÍA
PLANO DETALLE – DON EUSEBIO SE APLAUDE A SÍ MISMO, LÁGRIMAS CAYENDO POR SU ROSTRO
PLANO GENERAL – LA LÁMPARA SE APAGA.
PLANO NEGRO.

Un balido de oveja se escucha en la distancia.

CORTE FINAL.


La lámpara triste

(Inspirado en Tim Burton – Escena cinematográfica breve, con estética gótica, humor melancólico y una lámpara con demasiados sentimientos.)

INT. HABITACIÓN OSCURA – NOCHE

PLANO GENERAL – UNA HABITACIÓN POLVORIENTA Y ENORME

Las paredes son demasiado altas. Todo parece un poco torcido, como si la habitación no estuviera completamente segura de su propia existencia.

En el centro, sobre un viejo escritorio de madera carcomida, una lámpara de escritorio de metal negro emite una luz pálida y mortecina.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

Su cabeza metálica está ligeramente inclinada, como si estuviera suspirando.

EDGAR (20s, pálido, abrigo largo, mirada perdida en la nada) está sentado frente a la lámpara. Con los dedos, tamborilea sobre el escritorio.

PLANO MEDIO – EDGAR Y LA LÁMPARA

Miran el vacío juntos. Dos almas atrapadas en el mismo destino.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA PARPADEA

Su luz tiembla. Como si sollozara.

PLANO CORTO – EDGAR LA MIRA FIJAMENTE

EDGAR (susurrando)
—¿Te sientes… sola?

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA PARPADEA DOS VECES

Claramente, dice que sí.

PLANO MEDIO – EDGAR

Asiente lentamente.

EDGAR (voz apagada)
—Yo también.

Se miran. Un silencio largo, profundo. Dos seres incomprendidos compartiendo un momento.

PLANO DETALLE – UNA PEQUEÑA POLILLA SE POSA SOBRE LA LÁMPARA

La luz tiembla un poco. Edgar la observa con los ojos vidriosos.

EDGAR (con una leve sonrisa melancólica)
—Bueno, al menos tú tienes una amiga.

PLANO CORTO – LA LÁMPARA Y LA POLILLA

Un destello de luz. La polilla revolotea y desaparece.

PLANO GENERAL – EDGAR Y LA LÁMPARA

Edgar suspira.

Se apaga la lámpara.

PLANO NEGRO.
CARTEL FINAL EN TIPOGRAFÍA GÓTICA:

🎶 "A VECES, LO ÚNICO QUE NECESITAMOS ES UN POCO DE LUZ… PERO NI SIQUIERA ESO DURA PARA SIEMPRE."

🎻 Música de Danny Elfman suena de fondo.

CORTE FINAL.

Una lámpara, un hombre y la muerte

(Inspirado en Sergio Leone – Escena cinematográfica breve, con ritmo pausado, tensión creciente y un desenlace fulminante.)

INT. TABERNA POLVORIENTA – ATARDECER

PLANO GENERAL – UNA TABERNA VACÍA

El sol entra por las rendijas de las persianas, proyectando líneas doradas de polvo suspendido en el aire.

En el centro de una mesa malgastada por los años, una lámpara de aceite sucia y tambaleante arroja una luz parpadeante.

PLANO DETALLE – EL PÁPALO DEL MECHERO

La llama baila. Inquieta. Como si presintiera lo que va a pasar.

PLANO MEDIO – EL FORASTERO (30s, OJOS HELADOS, POLVO EN EL SOMBRERO)

Saca un fósforo. Lo enciende con la uña del pulgar. No tiene prisa.

Enfrente, DON FÉLIX (50s, BIGOTE PESADO, MIRADA SUCIA) bebe un sorbo de whisky. No aparta los ojos del forastero.

PLANO DETALLE – LOS DEDOS DE DON FÉLIX EN EL REVÓLVER

Lentos. Calculadores.

PLANO CORTO – EL FORASTERO SONRÍE, APENAS

FORASTERO (voz ronca, pausada)
—Dijeron que te gustaban las luces encendidas.

PLANO DETALLE – DON FÉLIX SONRÍE DE LADO

DON FÉLIX (escupe en el suelo)
—Y dijeron que tú no sabías cuándo apagarlas.

PLANO CORTO – EL FORASTERO PARPADEA.
PLANO CORTO – DON FÉLIX, CON LOS OJOS FIJOS EN ÉL.
PLANO GENERAL – EL SILENCIO ABSOLUTO.

El tic-tac de un reloj se hace audible.

PLANO CORTO – LA LLAMA DE LA LÁMPARA

Oscila. Como si estuviera conteniendo el aliento.

PLANO DETALLE – LOS OJOS DEL FORASTERO.
PLANO DETALLE – EL DEDO DE DON FÉLIX SOBRE EL GATILLO.
PLANO DETALLE – EL FORASTERO MUEVE LA MANO.

DISPARO.

PLANO GENERAL – LA LÁMPARA SE VUELCA, LA LLAMA SE EXTINGUE.
PLANO CORTO – DON FÉLIX, INMOVIL. UN HILO DE SANGRE.
PLANO DETALLE – EL FORASTERO, DE PIE, GUARDANDO EL REVÓLVER.

Se acerca a la mesa. Levanta la lámpara caída.

FORASTERO (murmurando, casi un susurro)
—Me gustan más apagadas.

PLANO GENERAL – EL FORASTERO SALE DE LA TABERNA.

La puerta oscila.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA, HUMEANTE.
PLANO CORTO – UNA MOSCA SE POSA SOBRE LA MANO INMÓVIL DE DON FÉLIX.
CORTE A NEGRO.

🎶 Guitarra lejana. Un silbido en la brisa.


La lámpara roja

(Inspirado en Pedro Almodóvar – Escena cinematográfica breve, con estética vibrante, diálogos intensos y una mezcla de humor y drama pasional.)

INT. SALÓN RECARGADO – NOCHE

PLANO GENERAL – UNA HABITACIÓN EXAGERADAMENTE DECORADA

Rojo, amarillo, azul eléctrico. Un sofá de terciopelo, cuadros barrocos, figuritas de porcelana. En el centro de la mesa, una lámpara roja con flecos dorados. Brilla como una pecadora arrepentida.

PLANO DETALLE – UN CIGARRO CON LÁPIZ LABIAL EN EL CENICERO

El humo asciende lentamente, como una premonición.

PLANO MEDIO – ROSA (40s, MAQUILLAJE IMPECABLE, BATA DE SEDA, EXPRESIÓN FURIOSA)

Sostiene un vaso de vermú con mucho hielo. Fuma nerviosa.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA

Parpadea. Como si dudara si es buen momento para estallar.

PLANO CORTO – LUIS (50s, CORBATA MAL HECHA, CARA DE HOMBRE QUE YA LO HA PERDIDO TODO)

Se sienta en el sofá. Suda.

LUIS (mirando la lámpara, incómodo)
—¿Siempre ha hecho eso?

ROSA (sin mirarlo, voz cargada de veneno)
—¿El qué?

LUIS
—Titilar.

ROSA (cruza las piernas, lo mira fijamente)
—Como tú.

LUIS (nervioso, tose, se arregla la corbata)
—¿Yo qué?

ROSA (con una sonrisa peligrosa)
—Que también titilas. En la oficina. En los bares. En mi cama. Pero no conmigo.

PLANO DETALLE – LA LÁMPARA SE APAGA POR UN SEGUNDO.

LUIS (susurrando, con miedo)
—Rosa, por favor…

PLANO CORTO – ROSA, MIRANDO LA LÁMPARA COMO SI FUERA UNA REVELACIÓN DIVINA.

ROSA (arrasando con su propia ira)
—No me vengas con "Rosa, por favor". ¿Tú sabes lo que es dormir cada noche con un hombre que solo piensa en otra? ¿Tú sabes lo que es ver la misma lámpara encenderse y apagarse, como si estuviera contando todas las veces que tú no estabas?

LUIS (balbuceando)
—Yo…

ROSA (se levanta, agarra la lámpara y la levanta como si fuera una espada)
—¡PUES HOY SE APAGA!

PLANO DETALLE – ROSA ESTRELLA LA LÁMPARA CONTRA EL SUELO.

Cristales por todas partes. El rojo de la pantalla se mezcla con el barniz dorado del suelo y el carmín de sus labios.

PLANO MEDIO – SILENCIO ABSOLUTO.

LUIS (mira los restos de la lámpara, traga saliva)
—Era una lámpara bonita…

PLANO CORTO – ROSA, ENCENDIENDO OTRO CIGARRO

ROSA (con una sonrisa asesina, exhalando humo)
—Más bonita que este matrimonio.

PLANO GENERAL – ROSA SE ALEJA HACIA EL PASILLO.
PLANO DETALLE – ENTRE LOS CRISTALES ROTOS, UNA PEQUEÑA BOMBILLA TODAVÍA PARPADEA.
CORTE A NEGRO.

🎶 Música dramática de cuerdas, intensa y apasionada.


Asombroso. Pero si tomamos una postura pro activa, sin dejar que la IA nos amilane, las posibilidades de aprendizaje son enormes. Seguro que mientras leías estos ejemplos se te ocurrían ideas para llevar al aula. 

Último round. Canciones. Dale al play. 


Luz de soledad

(Inspirado en Joan Manuel Serrat – Canción basada en la imagen de la lámpara.)

(Guitarra suave, ritmo pausado, melancólico.)

[Verso 1]
En la esquina de un viejo escritorio,
una lámpara espera sin voz,
doblada en su propia penumbra,
sin dueño, sin rastro de sol.

[Verso 2]
Los libros dormitan su suerte,
las páginas tiemblan de sed,
afuera la tarde se muere,
aquí no hay quien encienda otra vez.

[Estribillo]
Y el tiempo se escurre en la mesa,
con polvo, silencios y fe,
¿quién va a despertar la tristeza
de un cuarto que olvida por qué?

[Verso 3]
La lámpara sueña con sombras,
con manos que un día se fueron,
con cartas que nunca enviaron,
con nombres que nadie leyó.

[Puente]
Y si alguien volviera a encenderla,
tal vez recordara quién fue,
pero el mundo prefiere las noches
en que nadie pregunta por qué…

[Estribillo]
Y el tiempo se escurre en la mesa,
con polvo, silencios y fe,
¿quién va a despertar la tristeza
de un cuarto que olvida por qué?

(Guitarra se desvanece, luz tenue, el polvo sigue en el aire… y la lámpara sigue esperando.)


Luz mala

(Inspirado en Rosalía – Fusión de flamenco y electrónica, con un toque melancólico y misterioso.)

(Golpes secos de palmas, eco en la voz, beat profundo y envolvente.)

[INTRO – SUSURRO]
Eh, eh, eh…
La luz no brilla pa' siempre…
Eh, eh, eh…

[VERSO 1]
Una lámpara en la mesa,
doblada como un suspiro,
le pregunté por su pena
y solo me dio un quejío.

[PRE-ESTRIBILLO]
Se apaga, se enciende, se apaga,
como los besos que nunca llegaron,
se apaga, se enciende, se apaga,
como las voces que nunca hablaron.

[ESTRIBILLO]
Luz mala, sombra en la pared,
nadie la mira, nadie la ve,
quién va a encenderla, quién va a querer,
si está torc’ía de tanto doler.

(Beat se intensifica, palmas aceleradas, eco en la voz.)

[VERSO 2]
Tiene el polvo de los años,
tiene el brillo que se fue,
como el alma de un gitano
que en la calle se perdió.

[PRE-ESTRIBILLO]
Se apaga, se enciende, se apaga,
como promesas que no se cumplen,
se apaga, se enciende, se apaga,
como los sueños que se destruyen.

[ESTRIBILLO]
Luz mala, sombra en la pared,
nadie la mira, nadie la ve,
quién va a encenderla, quién va a querer,
si está torc’ía de tanto doler.

(Beat profundo, distorsión de guitarras flamencas, eco de respiraciones, la voz se va desvaneciendo en un quejío final.)

🔥 Final con un último parpadeo de luz. 🔥


La lámpara y yo

(Inspirado en Joaquín Sabina – Rumba triste, voz rasgada, piano nocturno y un toque de ironía.)

(Piano suave, ritmo lento, un cigarro en la voz, la noche en los acordes.)

[VERSO 1]
Se torció la lámpara, como mi suerte,
se apagó despacio, igual que tú,
quedó en la mesa, triste y ausente,
esperando a que vuelva la luz.

[VERSO 2]
Los libros cerrados, con sus mentiras,
el whisky bailando en el vaso a mitad,
y yo aquí pensando, con mi mala vida,
si la culpa fue mía o de la electricidad.

[ESTRIBILLO]
Y quién va a enderezar lo que ya está roto,
quién le dice a la sombra que vuelva a su piel,
si a la lámpara nadie le escribe un poema,
si la historia de todo es perder.

(Guitarra española, palmas sordas, humo en el aire.)

[VERSO 3]
Yo quise encenderla, pero no quiso,
como aquella rubia del bar de Malasaña,
me miró de lado, con su gesto frío,
y me dejó en penumbra, como España.

[PUENTE]
Si fuera por mí, la tiraba al suelo,
la dejaba rodar como rueda el amor,
pero la jodida sigue en su sitio,
con su orgullo de hierro y su eterno rencor.

[ESTRIBILLO]
Y quién va a enderezar lo que ya está roto,
quién le dice a la sombra que vuelva a su piel,
si a la lámpara nadie le escribe un poema,
si la historia de todo es perder.

(Piano melancólico, fade out, la lámpara sigue torcida… y el trago sigue a medias.)


¿Y si le paso algunas letras a Suno, con las indicaciones de estilo y efectos? Ahí van:

Luz mala, inspirada en Rosalía

La lámpara y yo, inspirada en Joaquín Sabina


La IA puede inspirar, sugerir, aportar elementos, detectar patrones, activar asociaciones, pero eres tú, docente, estudiante, quien decide con ingenio, conocimiento y creatividad qué hacer con eso, cómo sacar provecho, valor añadido. La IA puede ser un excelente detonante de la creatividad, pero también un sustituto, un imitador eficaz que te evite el trabajo de pensar, trabajar, crear. Por eso es necesario adoptar en el aula un enfoque activo y creativo del uso de la IA generativa. Adoptarla como herramienta vehicular, auxiliar, necesaria en una fase del proceso de aprendizaje, pero después prescindible. 

Dame una foto y moveré el mundo. Una foto o cualquier otro elemento inspirador sirve para activar tu ingenio, mover tu imaginación, desatascar tu motivación, dar gasolina a tu cerebro. Quien lo probó, lo sabe.


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